Si el cerebro puede ser engañado para sentir dolor por un trozo de plástico, puede ser entrenado para sentir la confianza de un CEO multimillonario o la calma de un monje zen, siempre que le proporciones los estímulos adecuados

Para entender cómo hace un bio-hackeo mental, debemos entender la Ilusión de la Mano de Goma (Botvinick y Cohen, 1998, Nature). En este experimento, se coloca una mano de plástico frente a un voluntario mientras su mano real está oculta. Al acariciar ambas simultáneamente, ocurre algo aterrador y fascinante: el cerebro del sujeto integra la prótesis como parte de su esquema corporal.

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